domingo, 8 de mayo de 2011

"Las cuatro esposas"



Había una vez un comerciante que tenía cuatro esposas. Su cuarta esposa era la más querida para él, por lo que le traía la ropa más cara y la trataba con ternura, le daba mucha importancia y no le daba sino lo mejor. Él también quería mucho a su tercera esposa, y estaba orgulloso de ella y presumía de ella en frente de sus amistades, pero siempre temía que ella lo dejara y se fuera con otro hombre. Él por supuesto, quería a su segunda esposa, pues ella era madura y paciente; él depositaba toda su confianza en ella y siempre se dirigía a ella cuando se enfrentaba con problemas y lo ayudaba para superar los momentos difíciles. Su primera esposa era muy fiel a él, y le ayudaba en administrar su fortuna y su trabajo aparte de sus obligaciones en la casa, pero él no la quería, y a pesar del profundo amor que ella sentía por él, él nunca le daba importancia a ella.

Una vez el comerciante se enfermó y supo que pronto iba a morir, y pensó en su buena vida y se preguntó: “Ahora tengo cuatro esposas, pero cuando muera voy a estar sólo, ¿cuán solitario estaré?”… entonces… preguntó a la cuarta esposa: “Tú eres la que más he amado de entre mis esposas, y te traje la mejor ropa y te cuidé mucho, y ahora voy a morir, entonces, ¿vas a seguirme y acompañarme?”. Dijo la cuarta esposa: “¡Imposible!!”, y se fue lejos sin decir ninguna otra palabra. Su respuesta fue como un cuchillo afilado que penetró en el corazón del comerciante. Preguntó el triste comerciante a la tercera esposa: “ Te he amado mucho en toda mi vida y ahora voy a morir, ¿vas a seguirme y acompañarme?”. Dijo la tercera esposa: ”¡No!, la vida es muy bella aquí y cuando mueras voy a casarme otra vez”. En ese momento, al comerciante se le partió el corazón, y un frío corrió por su cuerpo. Luego preguntó a la segunda esposa: “Siempre me dirigí a ti y fuiste un apoyo para mí; ahora quiero que me ayudes una vez más. Cuando muera ¿vas a seguirme y acompañarme?”. Dijo la segunda esposa: “Lo siento, no podré ayudarte esta vez y lo máximo que haré es hacerte el favor de mandarte a tu tumba”. Su respuesta le cayó como un rayo y derrumbó completamente al comerciante. Luego una voz gritó: “Yo iré contigo y te seguiré donde sea que vayas.” Miró el comerciante y no era nada más y nada menos que su primera esposa. Ella se esforzaba mucho y estaba muy delgada, como si sufriera de una mala alimentación. Dijo el comerciante: “Debí haberte cuidado cuando pude.”

La verdad es que: Todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas. La cuarta esposa es el cuerpo: a pesar del tiempo y esfuerzo que le dediquemos… nos abandonará a la hora de nuestra muerte. La tercera esposa es el dinero y la fortuna: cuando muramos va a pasar a otros. La segunda esposa es la familia y las amistades: sea cual fuera la cercanía de ellos a nosotros... lo más lejos que llegarán con nosotros es hasta la puerta de la tumba. Pero la primera esposa es el alma: siempre la ignoramos y vamos detrás de lo material, la riqueza y los deseos.

¿Qué esperas? El espíritu es lo único que nos sigue adonde sea que vayamos, entonces será mejor que lo hagamos crecer y lo fortalezcamos desde ahora en vez de esperar y angustiarnos a la hora de la muerte.

Fuente: Facebook Icci-Gadir

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