lunes, 8 de agosto de 2011

LA CALIGRAFÍA ÁRABE


El alfabeto árabe consta de veintiocho signos que se unen entre sí para formar palabras, variando ligeramente el trazo de cada uno de ellos para facilitar la conexión entre las letras. Se trata de una escritura cursiva de gran flexibilidad y elegancia que permite alargar o compactar palabras, cabalgar unas sobre otras, o ajustarlas al espacio disponible, de modo que el resultado, si se quiere, puede tener un objetivo y valor ornamentales. 



Ello ha hecho que la caligrafía (خـط) se convirtiera en un arte decorativo, y, según algunos autores, en la principal de las artes en la civilización arabo-islámica. Muy presente como complemento en distintas manifestaciones culturales, la caligrafía siempre ha conferido prestigio a quien la domina.

El desarrollo del arte caligráfico árabe comienza a partir del siglo VII. Hasta ese momento, la cultura árabe se trasmitía oralmente, y aunque los árabes anteriores a ese siglo tenían un alfabeto propio rudimentario, no usaban la escritura más que en contadas veces, para anotaciones de carácter mnemotécnico, contabilidad comercial, epitafios y otros usos de poca importancia. En el alfabeto árabe de esa época se podían confundir algunas letras entre sí y no se anotaban las vocales, y el lector debía hacer un esfuerzo suplementario de interpretación, lo que generalmente no suponía un problema dado que a menudo el lector era el escritor mismo o alguien que en cualquier caso ya tenía una idea de lo que estaba escrito.

Sin embargo, a partir del siglo VII todo cambió rápidamente. La expansión del Islam sobre amplios territorios conllevó nuevas necesidades. La escritura previa evolucionó para fijar y garantizar la significación e inalterabilidad de los textos, pues la literatura, las ciencias y el pensamiento necesitaron un instrumento más preciso. Además, a medida que el Umma islámica crecía, la administración se hacía más compleja y requiere un volumen de papeleo desconocido en la organización árabe anterior. Las sociedades islámicas medievales, predominantemente urbanas, tienen un alto grado de alfabetización y las personas cultivadas se precian de dominar diferentes estilos caligráficos. Fue entonces cuando se crearon los puntos con los que se diferenciaba entre letras que antes tenían un trazo idéntico y sonido distinto, de modo que cada signo con su punto diferenciador representaba una consonante determinada. Más adelante se inventó una notación vocálica que se añade a la escritura como signos diacríticos que facilitan su pronunciación exacta.

En esos primeros tiempos de la civilización árabe, los estilos caligráficos eran básicamente dos, relacionados con el soporte de la escritura. Sobre materiales duros (piedra, madera, bronce,…) se grababan una letras más esquemáticas, de aspecto cuadrado, mientras que sobre soportes blandos se utilizaba una letra más estilizada. El primer estilo dará lugar a la escritura cúfica (كـوفـي), llamada así por haberse desarrollado en Kufa (Iraq), de carácter ornamental y solemne que a su vez derivará en varios estilos. Dio lugar también a la cursiva empleada en el Magreb y al-Ándalus. Por otro lado, de la escritura más estilizada que se utilizaba sobre materiales blandos (papiro, papel) surge el estilo nasji (نـسـخـي) o estilo “de copia”, que es el que se utiliza hasta hoy en día como modelo de letra de imprenta, que a su vez dará lugar a formas de escritura muy variadas, entre las que destaca el ruq`a (رقـعـة), cursiva esquemática empleada hoy en la escritura manuscrita, sobre todo en el Mashreq (Oriente Medio). Todo estudiante de lengua árabe comienza aprendiendo el alfabeto bajo la forma nasji pero pronto debe familiarizarse con la escritura ruq‘a, pues son las variantes más frecuentes del alfabeto árabe.

La caligrafía empieza a desarrollarse más allá de su uso funcional con el calígrafo Abu Muhammad ibn Muqla (m. en 940), que fue visir de tres califas abbasíes. Ibn Muqla y su hermano establecieron las primeras reglas de proporción en el trazado de las letras. Tomaron como medida principal el punto, esto es, el rombo trazado con el cálamo, para medir la longitud de la línea y el círculo con diámetro igual al de la letra alif para calcular las proporciones de las letras. Los estilos derivados de la cursiva original se rigen por estas unidades de medida.

El instrumento habitual para la escritura es el cálamo (en árabe, qalam), utilizado aún hoy en día para la caligrafía artística. El cálamo es una caña en cuyo extremo se hace un corte transversal: dicho corte determina la alternancia entre trazos gruesos y finos característica de la mayoría de los estilos caligráficos. En el Mágreb y Al-Andalus se utilizaba sin embargo con más frecuencia un cálamo terminado en punta, como las tradicionales plumas europeas, y por esta razón la llamada escritura andalusí o magrebí no posee alternancia en el trazo. Hay estilos caligráficos menos conocidos que usan otros instrumentos: los musulmanes de China, por ejemplo, usaban el pincel propio de los calígrafos chinos, dando a la caligrafía árabe ejecutada de este modo una apariencia muy peculiar.

Los principales estilos caligráficos son los siguientes:

Nasji (نـسـخـي). Es el estilo más básico, derivado de la antigua cursiva preislámica y de las reglas ideadas por Ibn Muqla. Debe su nombre al hecho de que se desarrolló con la intención de ser una caligrafía rápida y clara al mismo tiempo, para utilizarla en la copia de manuscritos. El nasji es el estilo en el que se basan las letras de imprenta en la mayoría de las lenguas que emplean caracteres árabes, así como el que utilizan las máquinas de escribir y los ordenadores.

Ruq`a (رقـعـة), derivado del nasji, no es un estilo ornamental sino funcional (es muy rápido, y es en el que los estudiantes cogen apuntes). Su nombre significa “remiendo”, porque se diseñó para poder escribir la mayor cantidad de texto en el menor espacio posible. Simplifica la forma de las letras, elimina totalmente la ornamentación y los diacríticos y tiende a inclinar las palabras de forma que algunos caracteres puedan superponerse a otros. Los dos puntos se convierten en una raya horizontal, los tres puntos en una especie de acento circunflejo y el punto simple reduce su tamaño a la mitad para no confundirlo con la raya.

Cúfico (كـوفـي), es el estilo más antiguo. Se caracteriza por tener ángulos pronunciados y un aire cuadrado en general. Para no romper su aire macizo, con frecuencia los puntos de las letras se reducen a pequeñas rayas casi imperceptibles. Es uno de los estilos más empleados aún hoy en día en rótulos y decoración y el que más variantes tiene, aparte de haber dado lugar a los estilos magrebíes y andalusíes.

Thuluth (ثـلـث), deriva del parece al nasji, pero las letras son más largas en proporción al grueso de la línea. Se desarrolla en el siglo XIII como estilo ornamental, en competencia con el cúfico. Es el más complicado de todos los estilos, el de reglas más estrictas y el de resultado más vistoso, y nadie es considerado calígrafo hasta que no lo domina, pues exige de una gran maestría. Los huecos dejados por las largas letras suelen rellenarse con signos diacríticos o signos puramente ornamentales sin más valor que el de hacer que el conjunto sea armónico.

El estilo farsi ( فـارسـيpersa) y sus derivados procede del nasj y nace, como su nombre indica, en las regiones de Asia influidas por la cultura persa. Procede del ruq`a y como éste, en general se caracteriza por la simplificación de las letras, el alargamiento horizontal de los trazos y la alternancia de tamaños entre unas letras y otras. Dentro de los estilos de origen persa uno de los más célebres es el nasta`liq, estilo netamente oriental cuyo nombre procede de nasji ta`liq, esto es, “nasji colgante”. Se llama de este modo porque, como en otros estilos orientales, no todas las letras se disponen sobre la línea de escritura: las palabras tienden a empezar un poco por encima de la línea y terminan justo sobre la línea, dando la impresión de que cuelgan. Tiene una alternancia muy pronunciada entre trazos gruesos y finos, que se consigue alternando dos cálamos, uno de triple grosor que el otro. Además, el cálamo suele girarse al dibujar un trazo, con lo que se consigue que éste cambie de grosor. El nasta`liq es el estilo preferente para la letra de imprenta en el urdu, y otras lenguas del subcontinente indio que utilizan caracteres de origen árabe.

El estilo diwani (ديـوانـي), derivado también del nasji, debe su nombre al hecho de que era utilizado en la administración (dīwān) del Imperio Otomano. Fue inventado por el calígrafo Husam Rumi a partir del estilo ta`liq, antecesor del nasta`liq, y se hizo popular durante el reinado de Solimán el Magnífico (1520-1566). Es un estilo barroco que se caracteriza por sus líneas alargadas y curvas y porque prolonga los trazos de manera que a menudo se unen entre sí letras que no deberían hacerlo. Es frecuente tratar de escribir palabras o frases enteras en diwani sin levantar el cálamo del papel. Se acorta asimismo el espacio entre palabras. Este estilo dio lugar a otro, aún más barroco, llamado diwani yali o dīwānī majestuoso: como en el thuluth, los espacios vacíos se rellenan utilizando diacríticos y signos ornamentales, pero de forma más exagerada.

Un estilo —o conjunto de estilos— importante es el llamado andalusí o magrebí, que guarda poca relación con los demás porque a diferencia de ellos no deriva del nasji sino del cúfico antiguo. Es la forma de escritura que se usó en Al-Andalus y aún se usa tradicionalmente el noreste de África y por los pueblos musulmanes de África occidental (en la actualidad, sin embargo, el estilo nasji se está imponiendo en todas estas regiones). Se ejecuta con un cálamo diferente de los que se utilizan habitualmente, pues tiene una punta aguda similar a las de las plumas europeas. Por esta razón, tiene poco grosor en el trazo y éste suele ser uniforme. Escapa a las reglas de proporción aplicadas en los demás estilos, por lo que concede una libertad de ejecución más grande.

La caligrafía se utiliza a menudo para realizar dibujos o composiciones artísticas que representan objetos, plantas o seres animados, o bien simplemente formas armónicas como composiciones simétricas o figuras geométricas. Estas composiciones no pretenden comunicar un texto sino mostrar la pericia del calígrafo: en general son muy difíciles de leer y por esta razón suelen reproducir mensajes que el espectador ya conoce. Los ejemplos más antiguos son los que forman figuras geométricas utilizando la escritura llamada cúfico geométrico. En cuanto a las composiciones realizadas con letra cursiva, son clásicas las que reproducen animales o frutos. Un subgénero también clásico son los dibujos “en espejo”, composiciones dobles en las que el motivo original se reproduce a continuación en forma de reflejo especular.

www.musulmanesandaluces.org

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